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miércoles, 19 de septiembre de 2018

EN LA BIBLIOTECA POPULAR JULIO CORTÁZAR DE BANFIELD

El sábado 15 de septiembre ofrecí una charla sobre la cocina de los libros en la Biblioteca Popular Julio Cortázar. También hubo muestra de ilustraciones y bocetos y lectura de algunos cuentos.


Esperando para comenzar. 


Parte del público presente.

viernes, 23 de diciembre de 2016

FILBITA 2016 - MIGRACIONES: DOS MUJERES

Estuve invitada a participar del Festival de Literatura para chicos de Buenos Aires, Filbita, que este año tuvo como eje central el tema de las migraciones. Compartí rica mesa y emotivos relatos con José Sanabria, Iris Rivera, Ronald Tolman, Paula Bombara y Mar Benegas. Acá el texto que llevé para leer:

Dos Mujeres


Ana Iroski había enviudado joven de Pedro Grau y vivía en Ensenada junto a su hija en una casa alquilada que se parecía mucho a esas típicas casas del barrio de La Boca. Para pagar el alquiler y la comida, trabajaba a jornada completa haciendo trajes, blusas, polleras, vestidos de novia con su máquina de coser, la Necchi. Para ayudarse con los gastos también remendaba agujeros en las medias de hombres y les arreglaba los puntos corridos a las medias de mujer. Pero no solo para la costura sus manos eran prodigiosas, también para el más colorido bordado y las más exquisitas puntillas. Después, ya jubilada como modista, pintó algunos paisajes al óleo que copiaba de tarjetas postales. Los hacía con la misma voluntad  y convicción con que amasaba flores de miga de pan en el taller de arte decorativo al que iba una vez por semana. Eso sí, el budín de pan que cocinaba, jugoso y acaramelado, nadie pudo superarlo.

Fermina Baña, de muchacha estaba empleada en casas de familia como cocinera. Cuando se casó dejó de trabajar en casas ajenas para dedicarse a la suya. No había terminado la escuela primaria, pero le  gustaba mucho leer, sobre todo por las noches y en la cama, antes de irse a dormir. Tomaba baños de sol en una reposera de mimbre con la cabeza protegida por una toalla y baños de vapor envuelta en una cobija, con una olla de agua hirviendo bajo su asiento. Escribía esbozos de poemas en un cuaderno que no mostraba a nadie. Tenía en el fondo de la casa un gallinero de donde volvía con huevos para hacer tortilla o alguna gallina para el puchero.  Anotaba con tiza en el pizarrón de la cocina lo que no debía olvidarse de comprar. No era muy conversadora Fermina, deambulaba silenciosa por la casa, pero sabía ofrecerle a sus nietos un café con leche espeso y con nata acompañado de pan con manteca inolvidable.

 Ana había nacido en algún lugar de la extensa Rusia a principios del siglo XX y niña todavía llegó a la Argentina con su madre y sus hermanos. De su lejano país conservó la tradición familiar de los bordados y las puntillas que se usaban en el cuello, los puños y el dobladillo de los sarafanes, los vestidos tradicionales rusos.
Fermina había nacido en el año 1900 en un barrio de la ciudad de Montevideo, Uruguay, y vino de muchacha a la Argentina en busca de empleo.  De su padre, gallego anarquista, conservaba los ideales, y a la hora de nacer sus hijos, eligió nombres anarquistas para ponerles: Alba Ideal para la hija, Oasis, para el hijo. De su madre, descendiente de un cacique del pueblo originario Charrúa, sabía del poder medicinal de las plantas y del amor por la tierra.
Ana y Fermina eran mis abuelas. No sé mucho de sus pasados porque de eso no se hablaba, apenas si se cuchicheaba. Eran algo así como secretos de familia, y yo nunca les pregunté.
Pasó el tiempo. Quedaron los bordados y las puntillas, un cuaderno con esbozos de poemas, estos recuerdos que les cuento y mis ganas de preguntar.
Por eso tal vez bordo, puntada tras puntada, mis dibujos sobre el papel, y apunto ideas para cuentos y poemas en las hojas de un cuaderno. Tal vez ahí, quién sabe, encuentre las respuestas".


En este link los textos de todos los participantes: http://filba.org.ar/blog/?cat=124




lunes, 6 de octubre de 2014

Pasteles y Palabras: reunión de Estacionales


El sábado 4 Andrea e Irene, las chicas de Estacionales, me invitaron a dar una charla sobre mi trabajo como autora de libros para chicos y sobre la cocina de mis "pasteles", y en especial sobre el libro "¿Y la luna dónde está? Fue una gratísima reunión donde hubo palabras, dibujos, cuentos, preguntas, respuestas, adultos y niñas experimentando lo que es pintar con pastel tiza. Y el cierre, como es habitual en estas reuniones, sentados en círculo alrededor de una gran mesa ratona donde degustamos exquisitas tortas, té, café y cálida conversación.


 (Click sobre las imágenes para agrandar)

Acá el link al blog de Estacionales: http://estacionales.wordpress.com/

lunes, 8 de septiembre de 2014

NOS INVITARON A UN PICNIC, ¡DE PALABRAS!

El domingo 7 de septiembre estuvimos con Christian Montenegro en la plaza Martín Fierro del Barrio de San Cristóbal en la Ciudad de Buenos Aires, invitados por Selva Bianchi y equipo, para participar de un ameno picnic de libros, lecturas, charlas, risas y familias con sus niños.
Acá está Christian explicando el proceso de su trabajo de imagen para nuestro Cocorococó:

  (Click sobre las imágenes para agrandar)

Acá parece que me estoy divirtiendo con mi propio libro o algo risueño les estaba contando:


A un papá con sus nenes les mostramos, Selva y yo, las ilustraciones de ¿Y la luna dónde está? y los personajes con los que me inspiré para dibujar el relato:


Fue divertido también jugar entre todos con el libro de los Cuatro gatos negros flacos:


Y al final, antes de partir, la foto del equipo completo:


martes, 12 de noviembre de 2013

¿De dónde salen los cuentos?


En la Feria del Libro de 2012, la SEA (Sociedad de escritores y escritoras argentinos) organizó una mesa con el tema ¿De dónde salen los cuentos?, de la que tuve el honor de formar parte junto a Adela Basch, Ricardo Mariño y Oche Califa. Silvia Montenegro coordinó el encuentro, en el que cada participante contó su experiencia al respecto. Para finalizar, hubo un ida y vuelta de preguntas y respuestas con el público.


(Click sobre la imagen para agrandar)

viernes, 1 de noviembre de 2013

Fragmentos del texto acerca de la cocina de la escritura de los libros sobre Xul Solar, Quinquela Martín y Molina Campos que leí en ocasión de las Jornadas Poéticas de la Literatura Argentina para Niños 2011, organizadas en la Universidad Nacional de La Plata por la Dra. Valeria Sardi y la Lic.Cristina Blake.


"...La colección Pinta tu aldea de Ed. Calibroscopio lleva tres libros publicados: Mago Xul, sobre el mundo de Xul Solar;Quinquela, el pintor de La Boca, sobre la vida y la obra de Benito Quinquela Martín y Cuentos que son de verdá, sobre el mundo de Florencio Molina Campos, los textos de los cuales se me encargó escribir.
Para hacer los dos primeros: Mago Xul y Quinquela, nos pusimos de acuerdo con el equipo editorial en que dado que serían libros de arte para chicos el contenido no sería la típica biografía de artista ni el relato de su vida contado en primera persona, sino una forma que nos parecía más atractiva para los que lo iban a leer: relatar los hechos biográficos como si se estuviera contando un cuento.




Charlado este punto y alguno más, se me dejó libertad para hacer. Así que me avoqué a pensar unos relatos que basados en la biografía de los artistas tuvieran algo de ficción o se asemejaran a ella. Lo primero que hice fue documentarme sobre la vida del artista que me propuso la editorial. Lo segundo fue elegir la faceta o lado por donde quería entrar a contar, y luego me dediqué a buscar un clima. En el caso de estos libros tenía que ver qué faceta del artista que me ocupaba me permitiría encontrar el clima adecuado y en el que yo me sintiera cómoda para desarrollar el relato. Superada que tuve esa instancia, para mí la más ardua, mi voz se puso a contar solita estas vidas con cierta cadencia, con un decir poético, que creo es el modo que más se adecua a la hora de traducir la belleza que conlleva el acto creativo en la vida de un artista. Para hablar sobre el mundo de Xul Solar leí biografías y comentarios, visité el museo que está en la casa donde vivió, vi su obra. A partir de ahí decidí tener en cuenta sobre todo su lado esotérico y el que sus amigos lo llamaran mago. Me ayudaron también para adentrarme en el clima los primeros párrafos de un libro que quiero mucho: “La escuela de las hadas” de Conrado Nalé Roxlo, que evoca el origen de esos seres misteriosos. Y mi relato sobre Xul comienza hablando de los grandes magos, los creadores y de un ser destinado a las artes de la magia, para seguir de esta manera: “Un día soleado de mitad de diciembre, con el aire cargado de olor a mirra y a flores de azafrán, a orillas de un río en el Delta del Paraná nació un niño, futuro mago, al que llamaron Alejandro”.  Me adentré en un mundo mágico sin apartarme de los hechos reales de la vida del artista. No sé si para hacerlo me ayudó mi costado de ilustradora o el tener que escribir sobre un creador, pero lo cierto es que las imágenes iban apareciendo en mi mente mientras las describía con palabras.
Para escribir el texto sobre el mundo de Quinquela Martín hice el mismo recorrido: leer sobre su vida, visitar el museo para ver su obra y el lugar donde vivió, caminar por las calles de su barrio y charlar con la investigadora del museo que me contagió su admiración por el ser humano que había en Quinquela. Esta semblanza de su personalidad más algunos detalles de su vida que me hicieron recordar momentos que yo había vivido de chica, como el puerto donde trabajaba mi padre y al que me llevaba para que yo después me quedara soñando con los barcos, poblaron mi relato de una atmósfera de evocación de algo que me era familiar. Con ese clima construí un relato emotivo sobre la vida de Benito que dice así cuando habla del puerto: “Todo esto ocurría en un barrio que crecía alrededor de un puerto sobre un río de aguas oscuras. Cada día de ese puerto era un movimiento incesante de barcos; un obrar de talleres, de frigoríficos, de fundiciones; un cargar y descargar de cajones de cereales, de frutas, de carbón; un barullo de gritos, golpes de martillos, sirenas; una vista de grúas, proas, mástiles y cientos de hombres trabajando”.
El libro sobre Florencio Molina Campos se supo desde el vamos que tendría diferencias con los otros dos.


Por pedido de su heredero las únicas ilustraciones que llevaría el libro serían las pinturas del artista. Así que no debía escribir un relato sobre su vida para que fuera después ilustrado. Tenía que hacer el relato buscando qué obras del pintor lo podrían acompañar. Al igual que con los otros dos libros me documenté, estuve en la fundación Molina Campos, vi su obra y releí con verdadero placer algunos pasajes de libros con temática campestre que tenía en casa de autores como Benito Lynch, Guillermo Enrique Hudson y Godofredo Daireaux, que me hicieron respirar el aire de un campo que fue “Allá lejos y hace tiempo”, como nombraría mi admirado Hudson los relatos de su infancia en la pampas argentinas. Metida entre cuatro paredes pero urgida por la necesidad de estar en persona frente a lo que estaba describiendo, empecé contando: “Era un campo grande y liso como un mar sin olas. Era por todos lados la tierra tendida como descansando. Era un puro cielo, algunas tranqueras, uno que otro árbol y el perfume fresco de la tierra húmeda si había algún arroyo cerca. Era, una vez, la pampa”. 


Pero este libro no iba a ir por ese camino. Después de varias idas y venidas, se resolvió que en lugar de describir el campo y sus costumbres elegiríamos diez pinturas en las que yo me inspiraría para inventar una breve ficción con cada una.  Entonces para hacerlo tuve en cuenta el clima de las pinturas de Molina Campos. Así que lo hice con una cuota de humor y con lenguaje gauchesco. De esta manera, para la obra Tengo un percalito patrona el texto empieza: "Parecía que dentro de esos baúles le cabía un mundo a don Cosme, el mercachifle. Desde pilchas hasta cacerolas, de todo traía y desparramaba por el suelo pa' hacer brillar de codicia l'ojos de las paisanas. Si parecía un mago sacando de la galera montones de cachivaches de lujo que traía de la ciudá pa' ofrecer a las patronas y casi siempre convencer de comprar..."


En definitiva, creo que la vida de cada uno de estos hombres me dio la pista para elegir  el color con que pintaría el relato. Así, para hablar sobre Xul hice un texto con mucho de luz, como el brillo que a mi parecer Xul irradia y que acompañó Irene Singer con sus encendidos colores. Para hablar sobre Quinquela, a pesar de lo colorido de sus cuadros, elegí el gris de su guardapolvo de niño expósito que se continúa en los dibujos de Paula Adamo. Y para hablar de Molina Campos me decidí por la frescura de sus personajes y por el olor al aire del campo del que me había impregnado".